Pero Schiller, hace bastante tiempo atrás, ya había hablado sobre la Educación Estética. Increíble, ¿no? ¿O no tanto?
En fin... redacté una síntesis sobre las cartas que escribió Schiller sobre la educación estética, sobre la verdad y la belleza. Espero que lo comprendan, tal vez les haga cambiar la forma de mirar la vida.
Protocolo en base a las Cartas de Friedrich Schiller sobre la educación estética del hombre.
Schiller, en sus cartas, da cuenta de las conclusiones a las que ha llegado, en base a principios kantianos, sobre la belleza y el arte. Para poder dar una idea de la importancia de ambos conceptos, Schiller expone su visión sobre la realidad de su época. Así, el autor piensa que en el ser humano existen dos polos, uno es el sentimiento y el otro el entendimiento (o la razón), de modo que la sociedad, en búsqueda de la verdad, se ha visto en la obligación de suprimir los sentimientos para poder lograr una mirada objetiva de las cosas, para la aplicación de reglas sobre la realidad. Sin embargo, en esta separación, en la especificidad, en la pérdida de la unidad, se pierde finalmente la esencia de ese algo.
Por otra parte, Schiller recuerda que no hay mayor perfección en el arte que la construcción de una verdadera libertad política, y es en este punto donde confirma al arte como una necesidad, a la vía estética como el único camino posible para alcanzar aquella libertad; esto es lo que busca desarrollar en las siguientes cartas.
El ser humano, como ser arrojado al mundo, se ve gobernado por las reglas de la naturaleza, vida sensible, puramente sentidos y percepción. A esto, Schiller lo llama el “Estado natural”, es decir, aquella parte del individuo en la que es la necesidad física la que rige, es una determinación natural. Sin embargo, el ser humano también toma conciencia de su capacidad de cambiar las condiciones en las que la naturaleza lo ha dejado, basado en “la facultad de transformar la obra de la mera necesidad en obra de su libre elección”, y a esto es lo que llama “Estado moral”, conforme a las leyes de la razón. El hombre natural (variedad) y el hombre moral (unidad) se oponen, son fuerzas en constante tensión dentro del ser humano. El primero es un ser real, mientras que el segundo es un ser ideal, un supuesto, el cual se ve representado en forma canónica por el Estado. Y es en esta oposición donde radica el mayor conflicto entre el Estado y el individuo: ya que el Estado se rige por leyes morales, basadas estrictamente en la razón, se intenta despojar al ser de su estado natural, de sus sentimientos y su sensibilidad, para formar un hombre estrictamente moral y racional. Es decir, entra en peligro la libertad del ser humano, aquella libertad que debía asegurar el Estado.
La solución a este conflicto sería “separar del carácter físico la arbitrariedad, y del carácter moral la libertad, de hacer concordar al primero con las leyes y de hacer que el segundo dependa de las impresiones”. De esta forma, se crearía un tercer carácter que serviría como puente para unir estos dos estados. O, visto de otro modo, para que el ser natural coincidiera con el ser moral, sería necesario que el comportamiento moral naciera de un comportamiento natural, que su razón fuese coincidente con su impulso.
No obstante, la sociedad de Schiller es una sociedad que valora al ser humano sólo en cuanto su capacidad de especificidad, su valor como medio para el fin del progreso del absoluto del Estado. En este proceso, el ser humano ha debido despojarse de su sensibilidad, o ir en contra de las leyes morales, ser un bárbaro o un salvaje. En estas condiciones, el ser humano debe olvidar su mayor aspiración que es la felicidad y la perfección, aspectos a los cuales el ser humano puede aspirar sólo si se encuentra en armonía tanto en su estado natural como moral.
A pesar de lo anterior, Schiller sostiene que el acceso a la verdad existe, pero que curiosamente muchos hombres prefieren optar por el camino del sometimiento al estado o a los demás hombres, o de la vida ilusoria, solamente basada en fantasías para satisfacer sus deseos y necesidades. Esto se debe al cansancio o a la cobardía del corazón: hay que atreverse a ser sabio. Por lo tanto, concluye que lo más apremiante para la época es la educación de la sensibilidad, y el instrumento para conseguirlo: el arte.
Tanto el arte como la ciencia buscan llevar la verdad a la humanidad, pero para lograrlo el artista deberá evitar la influencia de los juicios de su época, los caprichos del momento, deberá protegerse de las corrupciones de su tiempo, liberarse de lo mundano, de la impaciencia del exaltado. Schiller opina que el arte nace de un impulso moral, y “el impulso moral puro se dirige a lo absoluto, para él no existe el tiempo”, la verdad será revelada si el artista es paciente y se orienta hacia el bien, y con esto, hacia la belleza.
